lunes, 29 de septiembre de 2008

Desde "no me puedo sacar la cancioncita de la cabeza" hasta la obsesión patológica.


¿Has tenido alguna vez algún pensamiento en la cabeza durante horas? Agotador, ¿verdad? Eso es lo que le pasa diariamente a la gente que padece un problema obsesivo. Día tras día, hora tras hora, minuto a minuto, un pensamiento molesto se mete en la mente y no parece haber manera de deshacerse de él. Pero ¿tratar de deshacerse de él es realmente la solución? En estas líneas te lo explico.
Tener una obsesión es algo realmente traumático. Obsesionarte es meter a tu mente en una continua lucha en la que los enemigos están dentro de ti: son tus pensamientos.

Las obsesiones son imágenes, ideas o pensamientos que se meten entre oreja y oreja y no se quitan ni cantando La Cucaracha. ¡Y cuidado con tratar de quitarlas así, porque lo más probable es que conforme te venga tu obsesión, luego te veas irremediablemente empujado a cantar La Cucaracha.

Hace tiempo tuve un paciente en la consulta de Valencia que se obsesionaba cada vez que iba conduciendo hacia la iglesia con la idea de que iba a insultar a Dios en misa. Antes de acudir a consulta, para eliminar esta idea de su cabeza se puso a sumar los números de las matrículas de los coches, hasta encontrar una que le diese 22. Al principio esto le tranquilizaba, pero luego no podía entrar en misa si antes no había encontrado una matrícula que le diese 22. Eso le hacía salir 2 horas antes de casa en dirección a la iglesia, con el temor de no encontrarse con el vehículo que tuviese la combinación afortunada y tener que perderse ese día la celebración.

El planteamiento actual que hay entorno a las obsesiones dice que es la ansiedad asociada a la obsesión la que mantiene la idea en la cabeza. Para reducir la obsesión es necesario un entrenamiento en relajación y enfrentarse a ella, en lugar de tratar de huir de ella. Una forma de enfrentarse es repetir tu obsesión voluntariamente durante un tiempo al día. Es una manera de decirle a tu mente “¡Fíjate si no tengo miedo de la obsesión, que hasta me la provoco yo voluntariamente!”. Con esto, la ansiedad se reduce, y la mente empieza a ver el contenido de la obsesión como algo que no aporta información de interés. Por ello, el pensamiento obsesivo acaba por verse inútil y ser sustituido por otro más relevante.


Fernando Pena

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