domingo, 29 de marzo de 2009

Pensamientos obsesivos sobre si seré homosexual o gay.


Un caso que llega a consulta con bastante frecuencia es aquel en el que hombres jóvenes (normalmente entre 20 y 35 años) tienen pensamientos recurrentes sobre su orientación sexual.

En los casos que llegan a consulta, los varones son realmente heterosexuales, pero a lo largo de su vida han ido pasando por una serie de situaciones que han desdibujado un firme concepto de la identidad sexual.

Los pensamientos llegan a ser obsesivos y generan un malestar psicológico muy alto en quien los padece. Los pensamientos más frecuentes en estos pacientes son alguno de los siguientes:
- No tengo demasiado éxito con las mujeres, pero los hombres gays se sienten atraídos por mí. ¿Seré homosexual?
- Con frecuencia me fijo en algunos chicos atractivos de la calle, ¿seré homosexual?
- En ocasiones siento excitación pensando en una relación homosexual. No me agrada en absoluto, fuera de esas fantasías, la idea de tener relaciones con otro hombre, pero el hecho de tenerlas ¿indica que realmente soy homosexual?
- ¿Piensan los demás que soy homosexual?

En casi el 100% de los casos, estos pensamientos generaban unas conductas sexuales patológicas: o no disfrutaban del sexo con sus parejas, o generaban odio hacia las mujeres, o hacia sí mismos, etc.

En los numerosos casos que he visto hasta el momento, los pacientes con una duda tan molesta en la mente han acabado definiendo claramente su sexualidad con ayuda de la terapia. En consulta no marco nunca un favoritismo por una u otra opción (homosexualidad o heterosexualidad), sino que simplemente ayudo al paciente a ordenar sus ideas y sus apetencias.

En todos los casos, el problema acabó siendo un problema de pensamiento obsesivo, que guarda mucha relación con el Trastorno Obsesivo Compulsivo (T.O.C.), y no un problema de índole sexual.

Como en todos los problemas de obsesiones, el paciente que tiene el pensamiento "¿seré gay?" experimenta una fuerte ansiedad, trata de evitar ese pensamiento, y el mero hecho de temer un pensamiento y tratar de huir de él, hace por sí mismo que el pensamiento aparezca con más frecuencia.

Así pues, la ordenación de la tendencia sexual que hacemos en consulta, y la terapia de exposición a esos pensamientos, hace que la ansiedad asociada a los mismos se diluya, y que por lo tanto esos pensamientos, una vez disociados de la ansiedad, disminuyen radicalmente su frecuencia de aparición, y la molestia que llevan asociados.

Fernando Pena
Psicólogo en Valencia
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