¿ Nunca te has emborrachado para pasártelo bien y has teminado la noche llorando ? Si a ti no, seguro que sí que te resulta familiar el tener de consolar a una amiga o amigo llorando cómo una madalena y con algunas copitas de más. Ahora imagínate que le podría pasarle a una persona depresiva o con problemas de ansiedad. El alcohol, por sus propiedades y fácil acceso, es frecuentemente utilizado por personas que padecen un trastorno del estado de ánimo o de ansiedad. Muy esquemáticamente y desde el punto de vista de un Psicólogo, te voy a explicar qué es lo que suele suceder :
En las personas con problemas de ansiedad, se usa el alcohol por sus propiedades reductoras de la activación fisiológica. Si bien es cierto que el alcohol tranquiliza a corto plazo, no lo es menos que su uso continuado produce una inquietud y una ansiedad que superan con creces al estado inicial que se quería evitar. También sirve para atenuar momentáneamente los miedos y afrontar las situaciones con más seguridad (menor inhibición). De esta manera se cierran las puertas a otras formas más adecuadas de afrontamiento de los problemas, corriendo además el riesgo de acostumbrarse a usar el alcohol y otras drogas para afrontar no sólo los problemas para los que inicialmente se usó, sino extender también su uso a otros (por ejemplo usarlo para hablar más “tranquilo” en público, y extenderlo luego para aparentar lo que no se es ante las amistades).
La ansiedad social y las emociones desagradables pueden propiciar el uso abusivo del alcohol o recaídas si se está en período de desintoxicación. El alcohol es usado con frecuencia como alivio para los síntomas psíquicos (tensión, sentimientos de culpa, dificultades para conciliar el sueño). Sin embargo, frecuentemente, no hace sino empeorar el estado general y generar un círculo vicioso de difícil salida.
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