Es curioso observar cómo a lo largo de la vida los cambios en nuestra forma de ser se producen sin apenas darnos cuenta. Se vive, pero se revisa poco la vida, tal vez llevados por la creencia errónea de que la personalidad no cambia. "Uno o una es así, y ya está", suele decirse. Sin embargo, la investigación Psicológica demuestra que se puede cambiar para mejorar uno mismo y para mejorar las relaciones con los otros.
Además, quieras o no, en el propio crecimiento personal aparecen necesidades que antes no existían, y esto nos impulsa a efectuar modificaciones en nuestra manera de vivir. Esta necesidad se conoce como crisis, una idea a la que se le asigna de manera habitual un significado negativo.
Crisis es un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por la incapacidad del individuo para abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas, y por el potencial para obtener un resultado radicalmente positivo o negativo. Sin embargo, el concepto oriental de las crisis difiere del occidental : éste es entendido como dificultad y como oportunidad. Las crisis son conflictos de alta intensidad y por lo tanto con un alto poder de transformar individuos y sociedades.
Se puede afirmar que se tiene una crisis cuando lo que se vive puede, en la conciencia de cada ser humano, exceder la capacidad de respuesta o de recuperación, se pierde la esperanza y el sentido de lucha. Para superarlo y asumirlo, tienes que entender que el cambio es natural, y también lo son la incertidumbre y el miedo que trae parejos, porque implican el paso de un estado conocido a otro desconocido, de unos hábitos a otros.
En un principio, se habló de la crisis de la mitad de la vida, que se situaba en torno a los 40 años, pero esta idea se ha expandido hasta abarcar varias "crisis" que marcan el paso de una etapa de desarrollo a otra. No importa cuál sea la edad que tengas. Cuando toca crecer, toca!
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